
Escucho tu nombre, en la oscuridad del cuarto. Pronunciado con la forma y la textura de un suspiro o de un jadeo. Me incorporo despacio. De nuevo tu nombre, pero esta vez, ya alejada de el sueño que hace un minuto turbaba mi consciencia, reconozco el tono de mi voz, y siento vibrar mis labios mientras lo pronuncian. Sin ninguna duda, sigo siendo tan estúpida como cada noche...
Te odio, odio tu nombre, odio esta cama y odio todas y cada una de las palabras que has dicho a lo largo de todo este tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario